sábado, 3 de octubre de 2009

3. ALGUNOS RECUERDOS


-Tras esa puerta está mamá.. la puedo oler. En este lugar esperaré. En algun momento se descuidan y podré entrar...Estoy tan cansado....

Lurkus se recuesta en el suelo helado de aquel intrincado escondite, se siente mal. Se duerme y entre sueños comienza a recordar.

El y su familia solían vivir en aquel helado e inhospito bosque desde hacía siglos. Entre ellos contaban que fueron los primeros en llegar a habitarlo y de que como todo cambio desde la llegada de los humanos.

Lurkus y sus padres solían salir de caza cuando las penumbras del atardecer y de la pronta oscuridad que traía la noche los podría ocultar de las miradas de los hombres.

Lurkus recordó lo feliz que era en esos parajes. Podía sentir que el mundo le pertenecía y que nada malo podría pasarle mientras estuviera ahí junto a los suyos.

De repente un momento especial volvió a su memoria.

- Si!!!.. Lo recuerdo bien.. Estaba acechando lo que sería mi comida de esa noche cuando un ruido, una voz humana hizo que mi presa huyera de mi trampa. Tenía mucha rabia y fui en busca de lo que hizo que esa vez no comiera.

Me sentía tan enojado que en mi carrera no me di cuenta que me estaba acercando al lugar donde habitan los hombres. Cuando pude ver hacia donde me dirigía me detuve por el sonido de una voz que hacía que me sintiera sereno. Acerqué mis patas y mi olfato hacia donde percibía que procedía aquella voz, cuando de repente una potente luz pegó de frente en mi cara y sólo pude distinguir los ojos más brillantes que jamás ántes había visto. Cuando pude ver mejor, horrorizado me di cuenta que aquellos ojos también estaban fijos en los mios. Sentí que todos los pelos de mi cuerpo se erizaban y un frio intenso me recorrió la espalda. Luego de unos segundos la niña volvió a cantar y me sonrió.

Desde aquella noche Lurkus volvia una y otra vez al lugar donde conoció a aquella niña que no le temía y que le hacía sentir sereno con su voz y su mirada. Cuando podía, la niña se escapaba por un rato de su casa para ir en busca de Lurkus y jugar a las escondidas. Ella le contaba de sus sueños y a veces también de sus penas y abrazada a él lloraba despacito diciéndole bajito a la oreja... "¿Me guardas el secreto cierto?".

- Voces... pasos... Algo pasa... No hay nadie en la puerta es ahora...



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